Siempre y en todo lugar se suele comparar la inflación de nuestro país con la de la mayoría de países en los que la tasa es de un dígito. Quienes llevan a cabo esa tarea suelen señalar como causa excluyente el tamaño de nuestro déficit fiscal, el que provoca significativas expansiones monetarias. Pierden de vista que el tamaño de nuestro déficit es bastante parecido al que exhibe la mayoría. Entonces frente a esta verdad dicen que el público rechaza nuestra moneda porque no tiene valor. Desde luego esta línea de pensamiento concluye en que nuestro peso pierde demanda y por ende la velocidad de circulación del dinero aumenta provocando la expansión inflacionaria. Al respecto debemos apuntar que lo que aumenta es la demanda de dólares. Ahora bien, miremos los dos escenarios posibles con los que se manejó el tema cambiario:
a) Desregulación del mercado
b) Aplicación de un cepo cambiario
La desregulación se aplicó durante el Gobierno del presidente Macri. Ello se materializó a través de la Comunicación A 5850 del BCRA de fecha 17 de diciembre de 2015. En dicha norma se deja sin efecto la consulta y registro de operaciones cambiarias y se autoriza hasta 2.000.000 de dólares por persona y por mes. Ello facilitó la formación de activos externos (fuga de capitales). En el año 2017 se fugaron 19.164 millones de dólares, en el 2018 29.079 millones y en el año 2019 34.818 millones.
Ante tal situación se produjo una corrida cambiaria que hizo subir el dólar un 62 % en el año 2019. Desde luego esto impacta en un aumento de la inflación.
Agotada la aplicación desregulatoria el Presidente Macri se vio obligado a reimplantar controles cambiarios. Ello se produjo mediante la comunicación A 6770 del 1 de septiembre de 2019, la que fijo un monto máximo de 10.000 dólares mensuales por persona. En octubre de ese mismo año debieron ajustar aún más la regulación. Ello se hizo mediante la comunicación A 6815 del BCRA que llevó el monto máximo a 200 dólares.
El nuevo Gobierno del Presidente Alberto Fernández mediante la ley 27541 aplicó un 30% de impuesto para la compra de dólares.
Todo esto reimplantó el cepo y con el vino la brecha cambiaria (diferencia entre el dólar oficial y el dólar paralelo). En medio de la crisis de septiembre de 2020 se emitió la resolución 2020 de AFIP que agregó un 35 % a cuenta de ganancias en las compras de dólares.
Con este panorama los exportadores retrasan operaciones al tiempo que los importadores las aceleran. Ello debido al riesgo devaluatorio. Desde luego esto amplia las tensiones inflacionarias.
Otro elemento que suelen utilizar los economistas ortodoxos, para detectar causas de inflación, concierne a la emisión de Letras de Liquidez por parte del BCRA. Allí avizoran riesgos hiperinflacionarios. Desde luego esto carece de sentido debido a que el sistema cierra sin riesgos evidentes.
Desde luego la regulación cambiaria luce más apropiada (en 2020 la fuga se redujo fuertemente a 10.155 millones de dólares y en el primer trimestre de 2021 hubo ingreso de capitales). No obstante se deben arbitrar medidas adicionales para evitar sofocones hasta alcanzar el equilibrio definitivo.
No debemos perder de vista las restricciones estructurales. Las mismas son curiosamente omitidas en el análisis de los economistas ortodoxos. La pesada deuda generada en el período 2016/ 2019, por caso, impone limitantes insalvables. Al mismo tiempo dado la falta de financiación externa el país se ve obligado a lograr constantemente balanzas comerciales superavitarias. Ello hace que las ventas al exterior reduzcan la oferta interna de bienes, al tiempo que el ingreso de dólares expande la masa monetaria. Ello amplifica la inflación.
Desde luego estas limitantes, especialmente las restricciones estructurales, tornan compleja la posibilidad de lograr el crecimiento económico. Ello será así hasta tanto se logre un acuerdo con los organismos multilaterales.
En cuanto a la intensidad de la cuarentena, pienso que hace falta ponderar la efectividad de esta. Indudablemente hay una enorme brecha entre la parte dispositiva y el grado de cumplimiento por parte de la población. Baste recorrer distintas ciudades del país para analizar que la realidad luce más laxa que las normas. Finalmente ante la critica vinculada con la cantidad de muertes y la falta de vacunación adecuada, cabe analizar que la comparación con países de la región muestra que nuestra situación luce mejor.
Juan Latrichano
13/6/21