Reiterados
ataques al pensamiento económico de Keynes formulados recientemente por
economistas ortodoxos, tornan necesario abrir un debate relativo a estas ideas.
La obra principal de Keynes fue
escrita en el año 1936 y la tituló La Teoría General. Todo análisis alternativo
merece el mayor de mis respetos. No obstante no comparto el criterio que se
utilizó para desmerecer esta obra, al punto de denominarla basura general. Indudablemente
quienes sacralizan el mercado, más allá de sus ideas atávicas, tienden a devaluar al infinito todo
pensamiento que apunte a darle un protagonismo al Estado.
En primer lugar corresponde situarnos
en el contexto histórico que dio lugar al pensamiento de Keynes. Al respecto
debemos señalar que el disparador principal fue la crisis mundial iniciada en
el año 1929. La misma se extendió por varios años y puso de manifiesto los
siguientes problemas:
- La ineficacia del mercado para recuperar el crecimiento de la economía. Particularmente la recesión se perpetuaba sin que se advirtieran soluciones.
- El crecimiento del desempleo a límites alarmantes.
- La inviabilidad del paradigma que establecía que la Oferta crea Demanda (ley de Say)
- El riesgo de que prevaleciera el comunismo sobre el capitalismo.
- La falla del sistema de patrón oro con tipo de cambio fijo.
- La ineficacia del mecanismo de flexión de precios y salarios, particularmente ante la necesidad de baja.
- La inviabilidad del mecanismo automático de emisión monetaria.
Quizás el punto central consistió en
la crítica por parte de Keynes del pensamiento que establecía que la oferta
crea demanda. Desde luego ello funcionaba con tipo de cambio fijo en el marco
del sistema de patrón oro. Dicho
mecanismo se estructuraba del siguiente modo:
- Si un país tenía saldo favor de la balanza comercial se producía un ingreso de oro que daba lugar a una expansión monetaria. Esta a su vez producía una suba de precios.
- En el caso opuesto en un país con déficit en su balanza comercial se producía una salida de oro que daba lugar a una contracción monetaria. Esto a su vez producía una baja de precios.
- De resultas de lo planteado en los puntos anteriores el país que tenía inflación pasaba a ser menos competitivo que el que tenía deflación. Ergo en el período siguiente cambiaban los signos de la balanza. Y así ad infinitun.
Precisamente el mecanismo
deflacionario fue el que produjo la principal observación de Keynes. En un
libro anterior suyo, Breve Tratado sobre la Reforma Monetaria escrito en el año 1923,
había advertido que tanto la inflación como la deflación producen enormes males
en la economía. Pero de las dos la peor era la deflación porque ataca duramente
a los empresarios y a los trabajadores. Con relación a esto último vemos que la
búsqueda de la flexión de precios a la baja tropieza principalmente con dos
problemas:
- La rigidez a la baja que durante un tiempo prolongado presentan precios y salarios. Desde luego esto culmina afectando la actividad económica debido a que si los precios no bajan debe bajar la producción para mantener el equilibrio ante la reducción de la cantidad de moneda impuesta por una balanza negativa.
- Una vez que precios y salarios comienzan a ceder se produce un desestimulo al consumo. Es un proceso opuesto al que produce la inflación
Por los motivos expuestos es que
Keynes pensó en la necesidad de eliminar el tipo de cambio fijo sustituyéndolo
por el variable. A esto le agregó la idea de expandir moneda en función de las
necesidades de la economía. Desde luego esto supuso la eliminación del sistema
de patrón oro.
Cabe destacar que gracias a estas
ideas se pudo sortear la crisis del año 2008 en los Estados Unidos. Al mismo
tiempo debemos observar que en la actualidad el Banco Central Europeo fija
políticas monetarias apuntadas a evitar la deflación. Finalmente debemos
advertir que la presencia del Estado en la economía mejora la democracia
política. Su aplicación nos lleva a la
democracia social.
Juan Latrichano
Analista económico de la CGE