Juan Latrichano (1)
En principio debemos destacar que la convertibilidad de los noventa y la dolarización que propone Milei son caras de una misma moneda. En la convertibilidad la emisión monetaria estaba supeditada al ingreso de dólares. Desde luego si había egresos de divisas se producía una contracción monetaria. En ese sistema el tipo de cambio era fijo, un dólar un peso. Con la dolarización, dado que la moneda de uso es el dólar, la cantidad aumenta con los ingresos y disminuye con los egresos.
Cuál es la trampa de la convertibilidad?
Inducirnos a pensar que si bien el tipo de cambio queda fijo, al no haber inflación el tipo de cambio real no se modifica y por ende la competitividad del país no se modifica.
Es esto correcto?
No porque la competitividad no solo debe tomar el movimiento del tipo de cambio real, sino también el movimiento de terceros países. Por ejemplo si el tipo de cambio real no se modifica y un país con el que comerciamos devalúa, se produce un atraso cambiario que afecta negativamente nuestro comercio exterior. Atento a que el sistema elegido no admite devaluaciones del peso las opciones ante un saldo negativo del comercio exterior son:
1. Tomar un crédito en moneda extranjera para financiar el déficit externo. El aumento de la deuda externa es la contracara.
2. Tratar de que precios domésticos y salarios bajen para lograr competitividad vía baja de costos. Esto último es prácticamente imposible de lograr. Recordar la denuncia Banelco hecha por el doctor Cafiero. Desde luego si los precios y salarios no bajan y la vía financiera está obstruida, el camino alternativo es la recesión. La baja de la producción produce una disminución de las importaciones por lo que se reduce el déficit externo. El desempleo está a la vuelta de la esquina.
Cabe agregar que la dolarización reproduce los mismos inconvenientes de la convertibilidad . Si bien reduce la inflación, este proceso no nos exime de devaluaciones de terceros países.
No es casual que Javier Milei adhiera a la dolarización al tiempo que criticó airadamente a Keynes. Este último era partidario del tipo de cambio variable, al tiempo que los liberales fueron y son partidarios del tipo de cambio fijo.
La convertibilidad nos puso al borde de la disolución nacional. El desempleo llegó en esa época al 25 %.
Esto es un oscurantismo. Dios nos ilumine.
(1) Profesor de Macroeconomía de la Universidad de Lomas de Zamora e Investigador Científico de la Universidad Cuenca del Plata de Corrientes.