Hace 42 años se iniciaba la destrucción de la industria nacional
El 24 de marzo de 1976 se puso en marcha un
modelo económico
que premiaba lo financiero y castigaba a la industria. Ello hizo que la deuda
externa creciera seis veces y que la inflación a la que los militares decían que iban a atacar, alcanzara una tasa del
diez mil por ciento durante su período de
gobierno.
Fueron los tiempos de la plata dulce y del
deme dos expresado por los argentinos en el exterior.
No quedó
ninguna mala praxis económica
sin hacer. Bueno es agregar esto al prontuario de aquellos usurpadores de
poder.
Librecambismo o proteccionismo
En primer lugar corresponde analizar la teoría dominante relacionada con la división internacional del trabajo y las ventajas comparativas. La misma fue
elaborada por David Ricardo hace ya más de
200 años.
Claramente plantea que las naciones deben orientar su perfil productivo
teniendo en cuenta dichas ventajas comparativas. En el caso de nuestro país dado que las ventajas las posee la producción agrícola
deberíamos orientarnos prioritariamente a
desarrollarla intensivamente dejando de lado
la producción
industrial. Esta última
es asignada a aquellas naciones que pueden producirla a menores costos (Ej.:
naciones del primer mundo). Si esto se aplica conforme a las ideas expuestas
cada nación mejorará su calidad de vida. Ello debido a que el Producto Bruto
mundial total crece. Al respecto surgen
los siguientes interrogantes:
1.
¿La teoría de
las ventajas comparativas se aplica hoy en el mundo?
2.
¿Es verdad que su aplicación nos llevaría hacia una mejora en nuestra calidad de vida? El
excedente se reparte en forma equitativa?
3.
¿La producción agropecuaria y el desarrollo de servicios nos permitiría mantener la
dotación de
trabajadores?
4.
¿Qué pasaría con nuestra balanza comercial?
El primer interrogante tiene una respuesta
contundente. Ningún país del mundo, principalmente los
desarrollados, aplica esta teoría. Un
ejemplo claro surge de las políticas proteccionistas que se aplican en Estados
Unidos, Europa y Japón. Aranceles de importación aplicados a productos agropecuarios,
subsidios al agro y prohibiciones o cupos son un ejemplo de ello. El tema del
tratamiento del biodiesel producido en nuestro país y limitado en su ingreso a los Estados Unidos de Norte
América es un ejemplo claro de todo ello.
En cuanto a la mejora de la calidad de vida
debemos destacar el análisis
de Nicolás Argentato,
quien en su libro Elementos de Economía Política
Moderna, demostró que
si bien tras la aplicación de
las ventajas comparativas crece el PBI
Mundial, no necesariamente crece en igual proporción el PBI de cada nación participante, llegando incluso en algunos
casos a caer el PBI de algunas naciones. En nuestro país el tipo de cambio único se aplicó en la década
del noventa. En efecto, en tal período se
eliminaron los derechos de exportación
(retenciones al agro) y se redujeron fuertemente los aranceles de importación. Todas estas medidas son compatibles con
una política librecambista. Si bien en una primera
etapa la calidad de vida subió, ello
fue a costa de un crecimiento desmesurado de la deuda externa. Ello debido a
que el tipo de cambio único y
bajo abarató el
precio de los productos importados, lo que trajo aparejado balanzas negativas
financiables con préstamos
del exterior. Como este camino no se puede utilizar en forma indefinida,
finalmente tuvimos la interrupción de
financiamiento y con ello la crisis terminal de 2001. A la larga la mejora de
la calidad de vida fue efímera y
la situación finalmente empeora.
Con relación al tercer interrogante vinculado con la capacidad del
agro y de los servicios para mantener la
dotación de
trabajadores debemos plantear que es imposible que dichos sectores absorban la
mano de obra que desemplearía la
industria. No debemos olvidar que el
proceso de desindustrialización
llevado a cabo en los noventa nos dejó con
una tasa de desempleo del orden del 20% (retomado el camino de la
industrialización
tenemos que la tasa de desempleo vuelve
a estar en un dígito.
Finalmente con relación al cuarto interrogante, vinculado con la
evolución de la balanza comercial, debemos señalar que la exportación de productos primarios no alcanza para
cubrir la demanda de importaciones. A ello debemos agregarle que esta última crecería enormemente debido a que parte de lo producido en
nuestras fronteras dejaría de
fabri -carse debido al tipo de cambio único,
por lo que a la demanda de consumo de estos productos deberíamos satisfacerla con importaciones. Cabe
aclarar que con el tipo de cambio único
el valor se fija en una paridad apropiada para el agro que deja fuera de
competencia a la industria, tanto para exportar como para rivalizar con los
productos de origen extranjero. La prueba de esto también la tenemos en los datos de la década del noventa. En efecto, nuestra balanza
fue recurrentemente negativa. Su contrapartida, el crecimiento desmesurado e
inmanejable de la deuda externa.
En resumen a lo largo de los más de doscientos años de historia de nuestro país advertimos dos modelos que alternaron en el
diseño de la política económica. Uno en esencia de carácter librecambista y con apego al
endeudamiento externo. El otro con inclinación proteccionista y con claras intenciones de desendeudamiento.
En el modelo librecambista con apego al
endeudamiento externo tenemos algunas de las siguientes características:
1.
Baja de aranceles de importación al mínimo posible
2.
Eliminación de
derechos de exportación para
materias primas
3.
Eliminación de
cupos de importación.
4.
Eliminación de
permisos de importación
5.
Mercado único
de cambios
6.
Mercado libre de cambios
7.
Búsqueda del crédito externo
8.
Búsqueda de la inversión extranjera
En el modelo proteccionista con apego al
desendeudamiento promueve:
1.
El aumento de los aranceles de importación
2.
Los derechos de exportación para
materias primas
3.
Cupos de importación
4.
Permisos de importación
5.
Mercado múltiple
de cambios
6.
Mercado regulado de cambios
7.
Baja del endeudamiento externo
8.
Nacionalización de
empresas extranjeras
Recordemos que nuestro país abrazó en
sus inicios el modelo librecambista y el mismo se mantuvo vigente hasta la sanción de la ley de aduanas de 1836. A partir de
allí se produjeron innúmeras alternancias. Repasando nuestra historia contemporánea tenemos la instauración del modelo librecambista a partir del año 1976. El mismo acarreó problemas a la altura de la cuenta corriente
del balance de pagos. El mecanismo compensatorio utilizado fue la financiación externa. Esto se conoció como el enfoque monetario del balance de
pagos consistente en elevar la tasa de interés para atraer fondos externos. El resultado final fue un
descomunal aumento de la deuda externa.
La democracia en sus inicios (Gobierno del
Dr. Alfonsín) mantuvo un esquema similar,
particularmente en lo concerniente al mecanismo utilizado para mantener elevada
la tasa de interés.
Luego con el Gobierno del Dr. Menen, tras la crisis hiperinflacionaria de 1989,
el tema del endeudamiento se encaró
enajenando gran parte del patrimonio nacional (privatización de empresas públicas).
Desde luego en este último Gobierno se intensificó el librecambismo con apego al endeudamiento. Esto último
debido a que el sistema utilizado desembocaba en déficits crónicos de la balanza comercial y de la cuenta corriente
que debía, este último,
ser compensado con financiación
externa.
A la sazón esto
termino en la crisis de 2001 en la que se observó un nivel de endeudamiento superior al 100% del PBI, con
el agravante que ya no quedaban activos públicos.
Juan Latrichano
24/3/18