Aunque no tenemos precisión acerca del origen de la economía bimonetaria en nuestro país, podemos afirmar que algunos sucesos impulsaron su utilización. Entre los más significativos tenemos:
1. La hiperinflación de los años 1989 y 1990.
2. El corraltito impuesto en el año 2001.
La hiperinflación de los años 1989 y 1990 alcanzó los cuatro dígitos anuales. Hubo gente que vendió sus viviendas quedándose en pesos a la espera de encontrar una nueva propiedad. Cuando apareció, el dinero se había deteriorado y no pudieron adquirirla. Finalmente para eliminar la hiperinflación el Gobierno del Dr. Menem implementó el canje compulsivo de los depósitos mayores a 1.000.000 de australes, por Bonos Externos con vencimiento a 10 años ( comunicación del BCRA A 1603 ). Esto introdujo hacia adelante temores por parte de los ahorristas.
El corralito del año 2001 implantó la indisponibilidad de los depósitos tanto en pesos como en dólares. Estos últimos fueron pesificados a un tipo de cambio sensiblemente inferior al de su cotización, imponiendo fuertes pérdidas para los depositantes. Se adicionaron nuevos temores para los futuros depositantes.
Ocurrieron episidios similares en América Latina?
Muy pocos, pero ninguno de ellos produjo daños tan intensos sobre los ahorristas. En los países que hubo hiperinflación, Bolivia y Perú ambos en la década del ochenta, no hubo canje compulsivo de depósitos. En los que hubo problemas bancarios , Brasil 1990 y Uruguay 2002, no hubo corralito ni afectación masiva a depositantes.
Por lo tanto en esos países el bimonetarismo practicamente no existe. En nuestro país, ante la menor duda la gente pasa los depósitos en pesos a dólares billetes y los depósitos en dólares se retiran de los bancos.
Como impacta esto en el proceso inflacionario?
Hace bajar la demanda de pesos y acelera la velocidad de circulación del dinero, esto último impulsa el crecimiento de precios. A su vez la demanda de dólares hace subir el precio del dólar marginal, adicionando causas de aumentos de precios.
Agreguemos que los medios masivos en general y algunos economistas en particular, ayudan a exacerbar la falta de fe y los temores.
Hace falta una revolución cultural apoyada por medidas firmes que alejen miedos.
Juan Latrichano
21/8/22