La persistencia de la inflación y, el elevado volumen de la misma si la comparamos con la mayoría de los países , exigen una evaluación pormenorizada de este problema, con el propósito de detectar sus causas y, desde luego formular propuestas resolutorias.
En
primer lugar corresponde analizar la inflación cambiaria. Ella surge frente a
una devaluación del peso. En efecto la suba del tipo de cambio encarece el
precio de los bienes importados al tiempo que maximiza la oferta de bienes
locales al exterior. Esto último reduce la oferta interna lo que a igual
demanda supone también una suba de precios.
El
punto central reside en establecer las
causas que producen las devaluaciones. Al respecto debemos partir de dos
escenarios alternativos:
1. Mercado cambiario
desregulado con política librecambista.
2. Mercado regulado en modo
cepo con política de administración del comercio exterior.
En
el primer caso la política librecambista suele conducir hacia balanzas
comerciales negativas. Las mismas se financian con préstamos externos. Cuando
los operadores advierten que la situación se acerca al límite fugan divisas.
Esto en algún momento deriva en devaluación ( ejemplo años 2018 y 2019)
En
el segundo caso el cepo cambiario suele generar la brecha cambiaria. De tal
modo se amplia la diferencia entre la cotización del dólar oficial y la del
blue. Esto hace que los exportadores demoren ventas en aguardo de la
devaluación y que los importadores aceleren operaciones. Si no se adoptan
medidas heterodoxas esto termina con una suba del tipo de cambio (ejemplo
septiembre 2020).
Otro elemento concierne al
endeudamiento. Los sistemas librecambistas lo suelen incrementar de manera
significativa. La aplicación proteccionista debe enfrentar este problema. Esta restricción limita el margen de
maniobra. Nada se puede implementar sin acordar previamente un acuerdo con los
acreedores.
Un aspecto adicional que
pasa inadvertido en los análisis tradicionales de la inflación, concierne a la
necesidad de obtener saldos favorables de la balanza comercial, para generar
divisas necesarias para afrontar los pagos de la deuda externa. En tal
circunstancia ingresan divisas que se adquieren con emisión monetaria. Además
hay menos bienes en oferta interna dada la venta neta al exterior. Aquí aparece
la necesidad de reducir circulante con letras de liquidez. Lejos de aceptar
este punto los economistas ortodoxos se limitan a criticar la emisión de estos
instrumentos.
Otra causa adicional
concierne a la inflación inercial. Un aumento de precios promueve la puja
sindical en pos de aumentos salariales y una vez obtenidos se disparan nuevos
aumentos de precios y así sigue la película de manera ininterrumpida.
Que hacer frente a todo
esto?
Un programa económico
completo tras los acuerdos que se suscriban con los organismos multilaterales.
Dicho programa debe reducir a la menor expresión posible la salida al exterior
de mercaderías no declaradas o declaradas en defecto. Luego corresponde fijar
medidas efectivas , seriamente implementadas y controladas. Entre ellas la ley
de góndolas, los precios máximos y demás medidas conexas. Luego corresponde
implementar seriamente el Consejo Económico y Social. Este sería el ámbito
ideal donde las fuerzas en pugna, especialmente trabajadores y empresarios,
deberían pactar la moderación de ajustes que se iría materializando con el paso
del tiempo, hasta alcanzar una inflación de un dígito.
Juan Latrichano
17/6/21