La mayoría de nosotros conoce las
causas de la inflación o por lo menos alguna de ellas. Sin embargo no todos
conocemos el modo de resolverla sin dañar el aparato productivo y sin generar
irreparables consecuencias sociales.
El origen de la inflación podemos
atribuirlo a diversas causas. Entre las más relevantes tenemos las siguientes:
- La
expansión monetaria desmesurada
- La
puja distributiva entre empresarios y asalariados.
- El
manejo de precios de los Grupos Concentrados.
- La
suba del tipo de cambio.
La expansión monetaria suele ser
negada como causa por quienes abrazan el pensamiento heterodoxo. Sin embargo
debemos tener en cuenta que la misma puede impulsar el crecimiento hasta un
límite estimativo, no mayor a un 10%. Luego adicionando al mismo el porcentaje
de la absorción de dinero por parte del
público, queda un excedente al restar esa suma al porcentaje de expansión
monetaria, que impulsa el crecimiento de
precios. A su vez los que se alinean detrás del pensamiento ortodoxo
responsabilizan al déficit fiscal en cuanto al origen de la expansión
monetaria. Este punto de vista no es
congruente con lo que ocurre en la realidad. En efecto la expansión monetaria
se explica solo en una parte menor en función del déficit fiscal. Su origen
principal lo encontramos en el programa de desendeudamiento llevado a cabo con
los acreedores privados externos. Al
respecto los analistas ortodoxos, cuando reconocen esta causalidad, promueven
el camino de la financiación externa. Vemos que las vías alternativas son
recesivas. En el primer caso porque la reducción del déficit, sea elevando
impuestos o bajando gasto, achica la economía, máxime en un contexto
internacional recesivo. En el segundo caso porque al acudir al financiamiento
externo inexorablemente se le exigirá a nuestro país un programa de contención
fiscal con consecuencias similares a las ya apuntadas. La historia vivida otras
décadas me eximen de mayores comentarios.
Con respecto a la puja
distributiva debemos verla como un típico caso de inflación inercial. En efecto
por la expansión monetaria suben los precios y ello provoca la búsqueda de
recomposición salarial. Cabe señalar que este proceso queda instalado de manera
permanente a menos que se discontinúen las causas motorizadoras o por lo menos
se las atenúe.
En medio de todo esto no debemos
minimizar la acción de los Grupos de Poder en pos de obtener maximización de
sus beneficios e intentar esmerilar la
acción del Gobierno. Esto último en lo atinente a la búsqueda de eliminación de
la independencia económica. Esta última deviene del programa de
desendeudamiento. Si la misma se pierde recuperan el poder de negociación que
en otros tiempos maximizaba los intereses pagados al exterior en detrimento de
los programas sociales.
Desde luego el plan devaluatorio,
que ha sido responsable de las hiperinflaciones de nuestro país, es funcional a
los propósitos de merma de independencia económica. No debemos olvidar que las
grandes devaluaciones produjeron atraso del salario real al tiempo que
abarataron nuestras empresas facilitando el proceso de extranjerización. Cabe
señalar que la presión ejercida en el mercado marginal y la demora en la
exportación de soja forman parte de la citada estrategia devaluatoria.
¿Frente a todos estos comentarios cabe preguntarnos qué hacer para combatir
la inflación?
En primer lugar debemos
establecer que el combate debe librarse para reducir la inflación. Su erradicación puede hacernos retornar a lo
vivido en los noventa donde la inflación era inexistente con un alto grado de
desempleo. En el análisis económico este acontecimiento tiene su correlato en
la llamada Curva de Phillips que expresa que un menor desempleo impulsa subas
salariales en tanto que un mayor desempleo plancha el salario y con ello la
inflación. Veamos por caso y a título de ejemplo la situación de Grecia y
España. En ambos países la inflación es muy baja y el desempleo muy alto.
Las vías para reducir la
inflación saliendo del molde ortodoxo son dos:
- Incrementar
las importaciones para elevar la oferta de bienes. Desde luego esta
política se halla acotada por el límite que impone la necesidad de un
saldo comercial positivo compatible con un balance de pagos equilibrado.
- Reducir
gradualmente la oferta monetaria con acuerdo de precios y salarios.
El segundo punto resulta factible
toda vez que el cronograma de vencimientos de la deuda externa muestra una reducción para este año. Al respecto debemos
señalar que la expansión monetaria de este primer trimestre muestra signos claros
de disminución con relación a igual período del año anterior. En cuanto al
acuerdo de precios vemos que en lo coyuntural se están logrando buenos
resultados. Resta acomodar la puja salarial dentro de un contexto de Pacto
Social.
Frente al éxito coyuntural en el
acuerdo de precios cabe formularse la siguiente pregunta:
¿Se mantendrá el menor ritmo de precios una vez finalizado el acuerdo?
Al respecto los analistas
ortodoxos acuden a la experiencia histórica que siempre terminó mal. Sin
embargo en esta oportunidad tenemos los siguientes puntos a favor:
- El
actual tipo de cambio oficial sigue permitiendo alcanzar buenos resultados
en materia de nuestro comercio exterior. Ergo no hace falta una macro
devaluación.
- La
brecha entre el dólar oficial y el marginal podría acortarse en función de
un programa de acuerdo global acompañado con medidas tendientes a
maximizar la liquidación de divisas en el mercado oficial. A tal efecto medidas apuntadas a mejorar
el control de ingreso de divisas provenientes de la venta de soja y
cereales por parte del BCRA ayudaría a evitar los actuales
estrangulamientos. Para ello resulta necesario
estudiar la posibilidad de reimplantar las refrendaciones bancarias
eliminadas en los inicios de la década del noventa. Dichas refrendaciones
obligaban a los bancos a denunciar ante el BCRA a los exportadores que no
ingresaban ni liquidaban las divisas en tiempo y forma. Complementariamente
cabría estudiar un impuesto relativo a la renta potencial del suelo, de
modo tal de penalizar la improductividad total o temporal.
- El
tamaño del déficit fiscal no genera riesgos estructurales toda vez que el
mismo crece en un porcentaje menor a lo que crece el PBI. En consecuencia
el porcentaje del déficit se mantiene bajo.
- El
déficit fiscal no produce una desmejora de la relación Deuda Pública /
PBI. Por el contrario se observa una disminución de este ratio.
- La
futura expansión monetaria no desbordaría los límites del acuerdo de
precios y salarios.
- La
relación Reservas / Deuda Externa presenta un punto de cobertura muy
superior a los momentos de desborde inflacionario.
- La
relación Reservas / Base Monetaria también exhibe parámetros mucho más
seguros.
Por todo lo señalado pensamos que
el camino apropiado es el acuerdo de precios y salarios y que a diferencia de
experiencias anteriores no desbordarías los límites acordados una vez que el
mismo expire.
Juan Latrichano
16 de abril de 2013