Desde el inicio de nuestro país hasta nuestros días alterna el modelo de apertura económica con el modelo proteccionista. El primero es Anti industrial ya que facilita el ingreso de productos importados, mediante la baja de aranceles de importación y la eliminación de regulaciones al comercio exterior. Por el contrario el proteccionismo apunta al desarrollo industrial local.
Más allá de los argumentos de todo tipo y color en defensa de cada sistema, aparece la sospecha de que la apertura es funcional a los intereses de los países desarrollados. Complementando la apertura aparece el atraso cambiario patentizado por un ajuste del tipo nominal inferior a la tasa de inflación local. Este mecanismo suele resultar funcional al llamado Carry Trade que en buen romance permite atraer fondos del exterior que se invierten en pesos en nuestro país. La lentitud del ajuste cambiario hace que al vencimiento de la inversión el aportante del exterior se haga de una mayor cantidad de dólares al convertir los pesos obtenidos. Desde luego el atraso cambiario encarece nuestros productos y hace baratos los productos extranjeros. Para evitar un aluvión de productos importados se suele bajar el poder adquisitivo de la población. De este modo la demanda de importados cae.
Los argumentadores de este desastre dirán:
1. Que el mundo tiene una economía mas abierta que la nuestra. Sin embargo pierden de vista que Trump ni bien asuma va a cerrar la economía de los Estados Unidos.
2. Que si devaluamos el ajuste se va a precios lo que hace inútil esa medida y encima nos queda el aumento de la tasa de inflación. Omiten tener en cuenta que existen medidas compensatorias para evitar estos problemas.
Es necesario que la población tenga muy en cuenta este tema. De lo contrario quebraran más empresas locales y aumentará el desempleo.
Centro de Estudios
Monetarios
26/12/24