Indudablemente en la disciplina económica existe consenso acerca de la importancia que tiene una buena tasa de inversión con relación al Producto Bruto Interno, para alcanzar un crecimiento sostenido. Ello porque la inversión tiene que ver con el agregado de bienes de producción. Habitualmente los economistas clásicos o neoclásicos aluden a que la falta de inversión halla su origen en la falta de reglas claras y duraderas. Ello, según este punto de vista, impide fundamentalmente la venida de inversiones de origen extranjero.
La visión alternativa, desde luego muy escasamente difundida y quizás ignorada por muchos, parte de que la falta de inversión obedece a dos causas:
a) Una de origen interno
b) Una de origen externo
La primera tiene sus bases de análisis en el pensamiento de Keynes, quien planteó que la inversión depende de la tasa de interés y de la tasa de retorno. La primera es un dato presente que se conoce por ejemplo a través de la tasa de préstamo que cobra un banco. La segunda es un dato que surge de las expectativas que se tienen para la puesta en marcha de un proyecto empresario. Desde luego si las expectativas son pesimistas debido a la falta de ventas la inversión dará un rendimiento bajo o negativo. Por lo tanto aún cuando la tasa de interés sea baja es muy probable que la inversión sea dejada de lado. Por eso debemos pensar que la dicotomía consumo o inversión es falsa. Si no hay consumo difícilmente tengamos buena inversión
La segunda se relaciona con el saldo de la balanza comercial. Por definición el mismo se iguala con la diferencia que tenemos entre el ahorro y la inversión. Luego si partimos de la base de que para afrontar los pagos de la deuda en moneda extranjera, nuestro país está obligado a tener saldo positivos de la balanza comercial surge que el ahorro deberá superar a la inversión. Las posibilidades de esto último son:
a) Que el ahorro sea elevado y que alcance para bancar a una inversión alta y para cubrir el saldo positivo de la balanza comercial
b) Que el ahorro sea pequeño y la inversión raquítica.
Desde luego en nuestro país el ahorro es pequeño. Ello debido al mal trato que recibió el ahorrista, por ejemplo en el 2001 cuando se acorralaron los depósitos. A esta razón se le añaden las continuas devaluaciones del peso en el marco de un mercado cambiario desregulado. Es así que ante la menor duda la receta de los grandes operadores es fugar capitales. Para ello se financian con préstamos bancarios que cubren las necesidades de capital de trabajo en tanto los montos en moneda extranjera que debieran ingresar originados por exportaciones, quedan fuera de nuestras fronteras. Ironías de la vida, los ahorristas financian su propia muerte. En efecto el no ingreso de dólares promueve la devaluación y esta licua los depósitos.
Y entonces qué?
Corresponde impedir mediante disposiciones del Banco Central el otorgamiento de créditos a quienes no ingresen las divisas de la exportación. Al mismo tiempo se debe restringir la fuga de capitales mediante un sistema cambiario regulado. Ello redundaría en un fortalecimiento del ahorro. Esto permitiría expandir inversión y financiar el saldo de la balanza comercial.
Juan Latrichano
28/4/21