Los libertarios, los anarcos capitalistas,
los neoliberales y todas las demás categorías afines, ponen el acento en que no
es el dólar el que se sobrevalua, sino que es el peso el que pierde
valor. Ello ocurre, según esta línea de pensamiento debido a que cae
la demanda de nuestra moneda. Unánimemente sostienen que la gente rechaza tener
pesos.
Otra línea de pensamiento, la heterodoxa,
sostiene que el problema ocurre debido a la falta de oferta de dólares.
Principalmente esto suele ocurrir cuando se cortan las financiaciones en
divisas. El ciclo arranca con préstamos que mantienen el valor de la divisa en
una paridad baja. Esto promueve déficits externos. Después de un
tiempo viene la interrupción de las financiaciones y con ella las
devaluaciones. En una economía dolarizada como la nuestra,
especialmente porque las tarifas y los combustibles ajustan de ese modo
conforme a la política fijada por el Gobierno, la devaluación va a
precios y desde luego se repotencia el ciclo devaluatorio. Es allí donde
los tenedores de activos en pesos huyen al dólar. En consecuencia, se desata un
ciclo vicioso cuyo origen se encuentra en el déficit externo. Al mismo tiempo
la falta de controles cambiarios y de una política que propicie el ingreso
de divisas provenientes de la exportación, colaboran con un proceso altamente
crítico.
Cabe culturizar al respecto. No es la
falta de demanda de pesos. Es la falta de oferta de dólares.
¿Cómo se rompe el círculo vicioso?
Con controles cambiarios, con políticas que
propicien el ingreso de dólares provenientes de operaciones de exportación y
desdolarizando nuestra economía. Esto último Consejo Económico y
Social mediante.
Juan Latrichano
5/11/19
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