El actual Gobierno asumió con la idea de reducir
gradualmente el déficit fiscal. El año pasado lejos de lograr dicho objetivo
vimos que lo incrementó. Desde luego eso sucedió en medio de una retracción
terrible de la obra pública. Mas allá de la pertinencia del argumento en favor
de la misma, básicamente evaluación y detección de posible corrupción inercial,
no es menos cierto que dicha medida jugó a favor de la baja del gasto y por
ende de la mejora del resultado fiscal. Sin embargo otras variaciones jugaron
en sentido contrario, entre ellas el pago de intereses de la deuda pública.
En lo que va del año vemos que el déficit sigue
incrementándose de manera sumamente peligrosa. En efecto, en el primer
bimestre del presente año el déficit primario aumentó un 45% con respecto a
igual período de 2016 mientras que el déficit financiero( incluye el pago de
intereses) aumentó un 56%.
Con este panorama y de continuar con la actual tendencia no
debería sorprendernos que el año cierre con un déficit financiero del orden del
10% del PBI. Es decir que de cumplirse este pronóstico se duplicaría
comparado con la tasa del 2015 (fecha de cierre del anterior Gobierno).
Porqué se produciría este resultado?
Básicamente porque el crecimiento significativo de la deuda
le pone levadura al pago de intereses.
Tendría esto consecuencias en la tasa de inflación?
Si. A menos que el esfuerzo monetario sea enorme. De ser así
la recesión conviviría con nosotros por un largo tiempo.
27/3/17
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