Existe un consenso amplio acerca de que es
necesario competir para crecer. Esa idea nos plantea la necesidad de abrir la
economía a la mayor expresión posible. Para ello hace falta una reforma laboral
e impositiva, al decir de aquellos que sugieren este camino, que haga converger
nuestros costos con los de los países competidores. Sin embargo la aplicación
de la apertura económica nos ha llevado fatalmente a un endeudamiento externo
asfixiante. Al mismo tiempo en un ambiente de caída del salario real resulta
impracticable una reforma por la natural resistencia sindical. Otro tanto
ocurre con la reforma impositiva que apuntaría a bajar impuestos. En un clima
de caída de la recaudación fiscal en términos reales , provocada por la menor
actividad económica , resulta una quimera.
Por todo lo expuesto debemos a priori
desechar la idea de competir para crecer.
En cambio la idea de crecer para competir
conlleva a pensar en una contribución mayor para absorber los costos fijos.
Debemos tener presente que dichos costos se hacen variables por unidad de
producto. Por ejemplo si los costos fijos son $ 100.000 y se elaboran 1000
productos inciden en $ 100 por producto. Luego si duplicados la producción a
2000 con los mismos costos fijos la incidencia por producto es $ 50. Tengamos
en cuenta que la utilización actual de la capacidad instalada es casi la mitad.
Que está pasando ahora?
La producción cae. En consecuencia la
incidencia de los costos fijos aumenta por unidad de producto. La mayoría de
los países crece. Ergo, nuestra competitividad relativa empeora día a
día.
Juan Latrichano
23/8/19
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