Algunos economistas
ortodoxos insisten acerca de errores de Keynes, que hemos incorporado y
que por ende nos llevan a equivocarnos en el diseño de la política
económica. Parten del supuesto que
siempre y en todo lugar la inflación fue , es y será un fenómeno atribuible
exclusivamente al exceso de emisión monetaria. Desde luego sostienen que
este exceso es provocado por el déficit fiscal. Esta idea los conduce a
explicar la razón por la que aún cuando el tipo de cambio baje los precios
lejos de retroceder aumentan.
Si todo esto es así
indudablemente la receta que proponen es reducir el déficit para eliminar la
emisión monetaria que este produce.
Como se logra para ellos
este objetivo?
Bajando el gasto público
. No hablan de subir impuestos atento a la enorme presión tributaria que
tenemos en la actualidad.
Qué pasaría si aplicamos
esta receta en medio del actual atraso cambiario?
La recesión
aumentaría exponencialmente. Ello porque la reducción tanto del gasto
corriente como el correspondiente a la inversión pública impondrían una merma
en el consumo.
Y entonces qué?
Deberíamos intentar por
el lado de un incremento de la producción motivado por un incremento de las
exportaciones y el turismo receptivo. Luego correspondería hacer subir el gasto
(si leyó bien digo hacer subir el gasto) en una proporción menor a la suba de
la recaudación fiscal.
Y como logramos subir
las exportaciones y demás objetivos conexos con el actual atraso cambiario?
Discontinuando el
endeudamiento externo. Este provoca ingreso de divisas que planchan el tipo de
cambio. Para ello deberíamos volver a la estrategia de endeudamiento interno.
Endeudamiento cuya tasa debería ir bajando en la medida que no discontinuemos
esta aplicación.
Y la inflación?
Podríamos tener un
control de la emisión monetaria dado el menor ingreso de dólares. A su vez el
aumento de producción incrementa la oferta de bienes ayudando a estabilizar
precios.
Juan Latrichano
19 de febrero 2017
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