Reiterados análisis, en su mayoría originados por
economistas ortodoxos, plantean un panorama sombrío para el año próximo.
Corresponde evaluar la razonabilidad de
los mismos.
Los
análisis ortodoxos puntualizan algunos de los siguientes problemas:
1. El
desequilibrio fiscal
2. El
desequilibrio externo
3. La
excesiva expansión monetaria
4. El
tamaño del gasto público
5. El
atraso tarifario
6. La
falta de inversiones
7. El
problema energético
8. La
inflación
9. La
regulación del mercado cambiario
Según
este tipo de análisis la inercia de estos problemas hará insostenible la
gestión del futuro presidente. Ello le exigirá practicar un fuerte ajuste. El mismo debería contar con los siguientes pasos:
1. Baja
del gasto en particular de los subsidios
2. Fuerte
devaluación del peso
3. Control
de la emisión monetaria
4. Desregulación
de las tarifas de servicios
5. Desregulación
del mercado cambiario
6. Facilitamiento
del ingreso de capitales externos a partir de la puesta en marcha de las
llamadas reglas claras.
Frente
a este conjunto de observaciones y propuestas cabe formularse la siguiente
pregunta:
¿Es
correcto el diagnostico ortodoxo?
Indudablemente
no. Si bien existen desequilibrios, entre ellos el fiscal y el externo, no es
menos cierto que los mismos no presentan un cuadro de gravedad. Particularmente
el cuadro fiscal halla su origen en los intereses de la deuda pública
destacándose una tendencia a su reducción con el paso del tiempo. Ello debido
al programa de desendeudamiento. En
cuanto al tema externo debemos tener en cuenta un panorama internacional
complejo. Empero el control de importaciones y la regulación cambiaria ayudan a
mantener la caja de divisas.
Tengamos
presente el daño que podría producirse en nuestra economía con una
liberalización del mercado de cambios. Este tipo de política tiene historia en
nuestro país. Una historia negra. Para ser más preciso durante la llamada
convertibilidad aplicada en la década del noventa tuvimos este tipo de
aplicación. Al final culminó con un endeudamiento inmanejable.
Por
todo lo expuesto debemos sostener que el diagnostico no deja de ser malicioso e
intencionado. Particularmente se intenta crear un panorama desesperanzador para
así poder hacer los ajustes clásicos con perjuicio para los trabajadores y las
pequeñas empresas. Esto ya lo vivimos.
En fin.
Juan
Latrichano
Analista
Económico de la CGE
13/8/2015
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