Presumo que es un buen ejercicio
hacernos este tipo de preguntas a menudo. Desde luego mucho mejor es tener una
respuesta apropiada para la misma.
La historia contemporánea del
país nos muestra que tuvimos muchos años que fueron dominados por
inestabilidad. Desde el último golpe
militar ocurrido en el año 1976 se instauró el privilegio del sistema
financiero por sobre el sistema productivo. El vivir con lo ajeno fue el
paradigma dominante y la prueba mas evidente eran los recurrentes saldos
negativos de la balanza comercial (importábamos mas de lo que exportábamos). La
contracara era el endeudamiento creciente. Fue así que gran cantidad de
establecimientos industriales cerraban. Las empresas nacionales (privadas y
estatales) se convertían en extranjeras.
Todo desembocó en un enorme
problema social (alto desempleo, pobreza e indigencia). Abundaban piqueteros
disminuían los trabajadores. Los
dirigentes sociales se ocupaban más de los planes que de los aumentos
salariales.
La deuda lucía impagable. En el
año 2001 no quedó otra alternativa que la de entrar en mora.
En lo político se pedía a gritos
que se vayan todos y en el exterior algunos gurúes decían que la única solución
disponible era un protectorado extranjero.
Aunque parezca ficción eso era
realidad.
Hoy podemos decir que todos esos
males han quedado erradicados. Más allá
de las cosas que aún quedan por resolver (siempre las habrá) hemos recuperado
una marcha que luce normal. La economía
ha venido creciendo a tasas significativas y eso nos permitió descontar parte
de la enorme ventaja que nos sacaron la mayoría de las naciones del mundo.
Si continuamos en esta senda las
perspectivas son halagüeñas. Aún aquellas que puedan referirse a que alguna vez
seamos un país desarrollado.
¿Cuál es el secreto para mantener
esta posibilidad?
No
abandonar estas políticas aún cuando decidamos cambiar el Gobierno. Políticas de Estado que les dicen. Espero que
esta vez acertemos.
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