miércoles, 18 de abril de 2012

“Alternativa ortodoxia/ heterodoxia en macroeconomía, y su impacto en la economía real"

Primera parte.


Por ortodoxia tomamos las distintas doctrinas económicas de aplicación actual. Ella son el liberalismo, el dirigismo (keynesianismo) y el monetarismo. Indistintamente cada una de ellas ha sido aplicada en nuestro país. Especialmente en los últimos años tuvimos:

a)    Monetarismo entre 1976 /1983
b)    Dirigismo entre 1984/1989
c)    Liberalismo entre 1990/2002

La crítica central que podemos hacer a cada una de estas doctrinas reside en la falta de análisis del funcionamiento de los países periféricos. Especialmente se omite el tema ligado a la escasez de divisas.
En lo atinente al comercio exterior vemos que el liberalismo toma partido por el librecambismo (desregulación del comercio exterior) y esto no ha merecido planteos alternativos sea por parte del monetarismo como del dirigismo.
El librecambismo parte del supuesto de las ventajas comparativas (cada nación debe aplicarse a producir los bienes que producen con ventaja) y si esto se realiza sin restricciones el Producto Bruto mundial crece debido a la optimización productiva. Puede suceder que esto sea verdadero en lo concerniente al PBI consolidado pero que no lo sea en algunos casos puntuales (ejemplo: naciones productoras de materias primas).

Al respecto debemos destacar que el librecambismo fue refutado por el estructuralismo basando su crítica en el llamado deterioro de los términos de intercambio (los precios de las materias primas crecen menos que los precios de los bienes industrializados).

Por lo expuesto hasta aquí llamamos heterodoxo al pensamiento que pone el acento en la restricción externa (falta de divisas) y plantea el proteccionismo fundamentalmente a través de medidas de carácter comercial (aranceles de importación, controles de importación, derechos de exportación etc.).



Aplicaciones contemporáneas del pensamiento ortodoxo y del heterodoxo en nuestro país.

En el caso de nuestro país  si aplicáramos  el pensamiento ortodoxo y, dado que las ventajas las posee la producción agrícola deberíamos orientarnos prioritariamente a desarrollarla intensivamente dejando de lado  la producción industrial. Esta última es asignada a aquellas naciones que pueden producirla a menores costos (Ej.: naciones del primer mundo). Si esto se aplica conforme a las ideas expuestas cada nación mejorará su calidad de vida. Al respecto surgen los siguientes interrogantes:

  1. ¿La teoría de las ventajas comparativas se aplica hoy en el mundo?
  2. ¿Es verdad que su aplicación nos llevaría hacia una mejora en nuestra calidad de vida?
  3. ¿La producción agropecuaria y el desarrollo de servicios nos permitiría mantener la actual dotación de trabajadores?
  4. ¿Qué pasaría con nuestra balanza comercial?

Continuará

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