El cierre del año nos presenta como hecho central la contienda electoral. El cambio de Gobierno añade nuevas incertidumbres. Ni hablar de los presagios pesimistas que emergen de algunos políticos y de analistas económicos. Al mismo tiempo existen propuestas alternativas que en resumen plantean ir contra el Fondo Monetario Internacional y ajustar por el lado de incrementar la carga impositiva de los más pudientes. Sin el ánimo de polemizar con este tipo de propuestas me permito señalar la carencia de fuerza política que emana de nuestra sociedad. En consecuencia y tomando como referencia un proyecto edulcorado creo que deberíamos partir de las siguientes premisas a tener en cuenta, para el año próximo:
1. La sequía quedará en el recuerdo. Por lo tanto se producirá una mejora significativa en el saldo de la balanza comercial.
2. El punto anterior será complementado con exportaciones de litio y con ahorro de divisas por la puesta en marcha del gasoducto que traerá energía de Vaca Muerta.
3. La tenencia de divisas aumentará por lo que se podria iniciar un sendero de desendeudamiento.
Con relación al último punto me parece necesario señalar que el pago de una parte de la deuda, unido al crecimiento que seguramente experimentará nuestro Producto Bruto Interno , permitirá bajar la presión que ejerce la deuda. Cabe destacar que a mí modo de ver, es un error plantear el cuello de botella que surge al analizar el cronograma de vencimientos de la deuda, tomando como único camino el pago de los mismos. La refinanciación de una parte es el camino habitualmente utilizado a nivel internacional.
Querido compatriota complete las dosis de pesimismo masivo con estas gotas de optimismo.
Juan Latrichano
2/7/23
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