Los
partidarios de no devaluar la moneda local sostienen que esa política tiende a calmar la inflación. Este análisis suele omitir el perjuicio que habitualmente produce un tipo
de cambio atrasado a la altura de la balanza comercial , especialmente cuando
se va atrasando tras la inflación . Ello se ve reflejado en
déficits crónicos financiados limitadamente, porque en determinado momento se
interrumpen, con créditos externos.
Los que
creen que la devaluación es el camino observan que
con el paso del tiempo, a veces en forma acelerada, la misma se transfiere
totalmente a precios. Mas allá de la consecuencia inflacionaria no deseada se advierte además que el tipo de cambio real queda virtualmente igual. La suba del
tipo de cambio se licúa con la suba de precios.
En consecuencia no se resuelve el rojo de la balanza comercial.
Si
prestamos mucha atención vemos que el Gobierno es
un poco de cada cosa. En efecto es antidevaluacionista hasta que la tensión externa se hace irrespirable . Luego es devaluacionista hasta
que se le incendian los precios y la devaluación se le vuelve inútil para resolver la crisis
de balanza comercial.
Entonces
que?
El
interrogante en verdad debería consistir en plantear la
alternativa de una devaluación sola o acompañada. La devaluación sola es la que ocurre en estos días. No resuelve nada. Al contrario agrava todo y no hace otra cosa
que generar tensiones sociales.
En
consecuencia queda como única alternativa la
devaluación compensada con controles
cambiarios, aduaneros, impuestos a la exportación de alimentos, restricción a la importación, reducción de los plazos de ingreso
y negociación de divisas y otras
medidas conexas.
Juan
Latrichano
13/6/18
No hay comentarios:
Publicar un comentario